domingo, 24 de junio de 2012


¿Es la tartamudez un problema psicológico?

Un habla que no es fluida se conoce como tartamudeo o balbuceo. El tartamudeo es un trastorno del habla en el cual el decir algo se interrumpe frecuentemente con repeticiones de palabras o silabas, así como la prolongación de sonidos. Muchas veces, estas interrupciones se ven acompañadas de ciertos tics como guiñar el ojo morder o temblor de los labios respiración agitada muecas en la cara, etc. A las personas
tartamudas les cuesta iniciar una palabra o frase, y les cuestas terminar su pronunciación.

El tartamudeo se debe a dos causas: una emocional y otra biológica.
El lenguaje se produce mediante una serie de movimientos musculares coordinados con precisión. Estos movimientos incluyen la respiración, la fonación y la articulación, en donde intervienen la garganta, la lengua, el paladar, los labios y dientes. Todos estos factores deben estar bien
coordinados y controlados por el cerebro, así como supervisados mediante los sentidos del oído y el tacto, para que la palabra pueda ser fluida y clara. Cuando existe una coordinación débil de estos factores, entonces tenemos el tartamudeo.

La causa emocional tiene que ver con una falta de seguridad o confianza en la persona, la cual genera un excesivo nerviosismo o tensión cuando quiere expresar.
Este nerviosismo puede deberse a que la persona ha crecido en un ambiente de exigencia o
critica fuerte, le cuesta expresarse porque lo más probable es que en el fondo no está muy seguro de que si lo que va a decir será admitido por los demás o si es correcto o no decirlo, no está seguro de si sus palabras no causaran rechazo o juicio, o serán anuladas.
En los niños, el tartamudeo ocurre cuando el niño está buscando la palabra correcta, pero este problema se supera fácilmente cuando el niño madura su lenguaje. En algunas otras ocasiones, el tartamudeo en el niño se debe a que el padre o los padres suelen ser muy exigentes, impositivos, autoritarios o críticos, por lo que el pequeño se siente intimidado a hablar con fluidez,
se siente constantemente juzgado o desaprobado por la autoridad y esto puede generar una fuerte ansiedad por expresar lo que siente.

En muchas ocasiones, los niños tartamudean mientras internamente se debaten en lo que desean decir y lo que esperan los adultos que diga, es cuando mienten o están disfrazando las palabras que suelen tartamudear. Pero aquí, más el padre debe ayudar a observarse el mismo, pues no servirá ninguna terapia con el niño si no se quita la causa que la genera. Si el niño sigue sometido a este ambiente emocional, muchas veces el problema puede persistir hasta la adolescencia o la edad adulta.

¿Qué debemos hacer?

Bajo estas consideraciones, las orientaciones y consejos que se dan a los padres de niños con trastornos del habla, están dirigidas a poner atención a los siguientes aspectos:
a) Control y corrección del habla del niño.
b) Restablecimiento de la confianza del niño en sí mismo.
c) Procurar la estabilidad emocional del niño.
Cada uno de estos aspectos debe ser enfrentado de forma comprensiva, afectiva y solidariamente por los padres, propiciando una atmósfera familiar de tranquilidad y ayuda para el niño afectado. De esta manera, el soporte familiar constituirá un ambiente adecuado para superar el problema.

a. Pautas para el Control y Corrección del Habla del Niño
Estas pautas están relacionadas con las siguientes indicaciones que los padres deben tomar en cuenta:
• No llamar la atención del niño sobre su forma de hablar. Se debe recordar que el niño en edad
preescolar está pasando por la etapa egocéntrica y, como tal, no percibe o no toma en cuenta las actitudes críticas de los demás hacia su persona, excepto la opinión y las actitudes de sus padres, quienes sí influyen sobre su comportamiento. Por eso los padres deben evitar sensibilizarlo negativamente, llamándole la atención en forma autoritaria sobre su defecto, lo cual, en vez de mejorarlo suele empeorarlo.
• Poner atención y paciencia para escucharlo y comprenderlo cuando tartamudea o aflora el defecto del niño al hablar. Esto es muy importante, puesto que el niño necesita que lo atiendan y comprendan lo que comunica o lo que quiere decir con su lenguaje defectuoso. Cuando no se le brinda atención, se le genera tensión y frustración y, consiguientemente, desajustes emocionales.
También se le puede hacer sentir como diferente a los hermanos e, incluso, rechazado.
• Tratar de hablarle en forma correcta y clara, con el propósito de que el niño se forme imágenes acústicas adecuadas. Esto debe realizarse a manera de comentarios de lo que dice el niño, tratando de vocalizar y verbalizar bien las palabras. Por ejemplo, cuando un niño dice a su padre:"Dame la Telota para jugar", es conveniente que el padre le repita la frase diciendo:
"¿Quieres la PELOTA para jugar?"
Esta forma de corrección, enfatizando la correcta pronunciación: "PELOTA", permite al niño tomar conciencia de su error para ir progresivamente corrigiéndose. En otro caso, cuando un niño cuenta algo que le ha ocurrido, por decir, con su "pelota", y al expresar esta palabra tartamudea la sílaba "PE", convendría repetirle la palabra comentándole en la forma siguiente: "¿Ah, entonces Pablito te quitó tu PE-LO-TA?, y tú ¿qué hiciste?"De esa forma se le aclara la palabra "PELOTA" y se le va motivando a que cuente otras cosas, estimulándolo a conversar para ir corrigiendo sus errores de pronunciación.
• Si el defecto del habla es bastante marcado, es bueno estimular al niño a que realice distintas actividades de psicomotricidad, tales como actividades manuales y de otros tipos. Es bueno, también, hacerles cantar canciones infantiles para que tengan experiencias positivas del habla, ya que el canto obedece a mecanismos neurofisiológicos distintos del habla, observándose que la tartamudez cesa cuando cantan, incluso cuando imitan y hablan solos. De allí que es recomendable que se estimulen esta clase de actividades que son fáciles de enseñar, pero siempre con paciencia y cariño, ingredientes que no deben estar ausentes en la relación padres-niño.
• Los padres deben establecer con mayor frecuencia conversaciones con el niño, con el propósito de ir corrigiendo sus errores. Además, deben hacer que éste observe e imite los movimientos de los labios, la lengua y la boca que los padres hacen al articular las palabras, a modo, por un lado, a formarle imágenes acústicas correctas y claras y, por otro lado, a establecer progresivamente sus praxis articulatorias en forma adecuada.

b. Pautas para Restablecer la Confianza del Niño en Sí Mismo.
El niño reacciona emocionalmente ante su habla defectuosa. El miedo y la vergüenza son sentimientos comunes generados por este trastorno. De allí que no hay nada peor, por ejemplo, para un niño tartamudo, que el sentirse inseguro en todo lo que hace. El hecho de hablar defectuosamente les crea sentimientos de inferioridad, pero si a este sentimiento se le agrega, además, el hecho de creerse inferior en todos los aspectos con relación a los demás, se le rodea al niño de un círculo vicioso del cual le será cada vez más difícil salir.
En estas situaciones, la actitud comprensiva y afectuosa de los padres desempeña un papel reconfortante y revitalizador de la confianza del niño en sí mismo, para cuyo efecto deben adoptar o tomar en cuenta las
siguientes medidas:
• Es conveniente disminuir en lo posible las observaciones a lo estrictamente indispensable y conveniente, pero teniendo cuidado de no caer en la sobreprotección del niño, lo cual tendría efectos contraproducente
• Si lo que pretende hacer el niño no perturba el orden y la tranquilidad que debe primar en el hogar, se le debe permitir que lo haga. Pero si perturba y altera, debe corregírsele. Por ejemplo, si el niño quiere ponerse la camisa amarilla en vez de la roja, déjelo. Pero si trata de cortarle las mangas o fregar el piso con ella, obviamente debe corregírsele. Lo mismo se hará con otras conductas inadecuadas, tal como ocurre con aquellas "malas costumbres", como "meterse el dedo a la nariz", "fastidiar a los demás en la mesa durante el almuerzo", etc. Sin embargo, cuando se está tratando de restablecer la confianza del niño en sí mismo, es conveniente que dichas correcciones sean hechas de manera cuidadosa, oportuna y prudente, sin recurrir a gritos, castigos e insultos que pueden generar inseguridad y sentimientos de minusvalía en el niño con defecto del habla.
• Es importante que los padres introduzcan una actividad elogiable y gratificante en la vida del niño, con el propósito de destacar sus cualidades y logros con relación a los demás (futbol, dibujo,música, gimnasia, etc.).
Por ejemplo, una ayuda eficaz puede ser el elogiarlo por el dibujo que
realizó y mostrarlo a los familiares y otros visitantes cuando vienen a la casa. Lo esencial es crear en el niño el sentimiento de que puede ser superior en "algo" a los demás aunque se sienta inferior en otros aspectos.
• Los padres deben evitar los cambios bruscos que afecten la vida del niño, por ejemplo, no es conveniente ponerlo en la escuela cuando ha comenzado a tartamudear defecto en su lenguaje, o cambiarlo de escuela cuando se va adaptando ya a dicho medio.
• Es bueno que los padres vayan de paseo o de vacaciones con la familia a lugares tranquilos, sin agitación y estímulos que puedan provocar tensión e inseguridad al niño.

c. Pautas para Procurar la Estabilidad Emocional del Niño.
Es bien sabido que el aspecto emocional tiene una relación estrecha con el habla. Por ejemplo, se dice que ante una gran emoción hasta el adulto "pierde el habla". Por esta razón se deben establecer las normas sanas de convivencia familiar, basadas en el amor, en la comprensión y respeto entre sus miembros. Con tal propósito se sugiere tomar las siguientes pautas, orientadas a propiciar la estabilidad emocional del niño y superar el defecto del habla en una forma adecuada y oportuna:
• Los padres no deben discutir delante del niño y, en general, en presencia de los hijos. Cuando no se ponen de acuerdo, deben posponer la discusión para otro momento y lugar propicio, donde puedan hacerlo privadamente.
Esto es muy importante de tener en cuenta, ya que las discusiones, especialmente aquellas cargadas de iras, agresividad y violencia, son acontecimientos traumáticos que mayor repercusión psicológica negativa producen en los hijos, empeorando el defecto del niño, incluso pudiendo ser la causa de dicho problema.
• Los padres no deben permitir delante de sus hijos la interferencia de terceros (abuelos, tíos u otras personas) con respecto al establecimiento de la disciplina y educación de los mismos. Estas interferencias generalmente suelen ocurrir en hogares donde se encuentran los abuelos, quienes, facultados por sus experiencias, intervienen a veces o la mayor parte de las veces, contraponiéndose a las normas que quieren establecer los padres. Esto da lugar a que los niños pierdan el respeto a la autoridad legítima y natural de los padres, generando por tanto comportamientos de insubordinación.
• Los padres deben ejercer sus roles y funciones de una manera complementaria, tratando de establecer las normas disciplinarias y de educación de los niños en forma coordinada y consistente, de tal forma que no se produzcan contradicciones y contraórdenes entre el padre y la madre, evitando inseguridades y dificultades para los hijos, especialmente para el niño con problemas del lenguaje.
• Cuando el padre está presente en el hogar, su opinión y decisión será respetada delante de los niños. Si la esposa no está de acuerdo, la deliberación o discusión se deberá hacer posteriormente y a solas, evitando siempre que los niños estén presentes.
• Si el padre no está presente, cuando vuelva del trabajo deberá respetar y seguir las medidas adoptadas por la esposa. Si no está de acuerdo con ella, también discutirán sus puntos de vista fuera de la presencia de los hijos.
• Cuando se quieran adoptar las medidas correctivas con el niño, es preferible evitar el uso del castigo "activo", tal como pegar, tirar de los pelos, pellizcar, golpear y otros de índole físico. Para tales correcciones es más conveniente adoptar aquellas que podemos denominar como castigos
"pasivos", como suprimirles las cosas que le producen deleite o placer al niño, por ejemplo: la televisión, las golosinas, el cine, el patinar, etc.
• Una vez que los padres han adoptado el castigo, no deben modificarlo ni dar marcha atrás; es decir, deben mantenerse firmes. Más tarde deberán asegurarse que el niño haya comprendido la razón que lo indujo a tomar esa decisión.
Para esto es necesario que los padres eviten las actitudes ambivalentes frente al niño, es decir, no deben mostrarse permisivos y prohibitivos a la vez. Esto requiere una coordinación y apoyo mutuo entre los padres para la aplicación consistente de las medidas correctivas, evitando así las
contraórdenes, como el hecho de que el padre prohíbe y la madre aprueba una misma cosa, lo cual es inconveniente y nocivo para la educación y formación del niño, especialmente para los que tienen defectos del habla, en quienes estas actitudes pueden acrecentar su inseguridad emocional.
• Las madres deben comprender que sus emociones (cólera, alegría, tristeza, ansiedad y preocupaciones) son trasmitidas a sus niños de una manera mucho más eficaz que cualquier influencia.
El niño aún pequeño siente, esto es, se da cuenta de muchas cosas que suceden en su mundo y, cuando éstas son negativas, se afectan y traumatizan. Por eso la madre debe saber controlarse y no manifestar sus preocupaciones, ansiedades y temores frente a lo que el niño tiene, ya que esto le sobrecarga de tensión, produciéndole mayor inseguridad y, por tanto, empeorando el defecto del habla.

domingo, 29 de abril de 2012

LOS PADRES LOS PRIMEROS EDUCADORES DE SUS HIJOS



Hace algunos días, tuve que presentar en mi trabajo un taller para padres el cual abarcaba el tema que los padres son los primeros educadores de sus hijos, encontré este hermoso vídeo donde da cuenta de ello y que tan importante es reflexionar sobre lo que les estamos entregando...

sábado, 28 de abril de 2012

EL NIÑO QUE NO QUIERE DORMIR


EL NIÑO QUE NO QUIERE DORMIR.

Un niño se resiste a acostarse por diversos motivos. Puede tener miedo de la oscuridad o de no despertarse, o se siente inseguro cuando está solo. Indudablemente, le gustaría más jugar o ver la televisión y, en realidad, preferiría la compañía y atención de sus padres.
Los padres que siempre permiten al niño permanecer levantado «sólo un poco más», tendrán siempre problemas con el momento de acostarse. De ahí pues que para muchos padres, conseguir acostar a sus hijos es una más de las batallas al final de un largo día, justo en el momento en que ellos necesitan tiempo para sí mismos. Se debe decidir el momento preciso en que el niño debe acostarse y, una vez decidido, proceder con firmeza. Esto no significa que los padres deban ser absolutamente rígidos e insistir en que el niño debe estar siempre en la cama a las ocho en punto, aunque justo en aquel momento acabe de llegar papá o esté en casa el tío José. Sin embargo, cuanto más capaces sean los padres de concretar el momento de acostarse, más fácil será conseguir que el niño se duerma a una hora fija. Importante: No utilice la palabra «oscuro» para indicar el momento de acostarse, porque en verano con la luz de día esto será causa de problemas.
   Crear hábitos para ir a dormir
Los niños encuentran seguridad en la rutina. Les gusta la seguridad de lo habitual y es importante disponer de ciertos objetos con los que pueden contar. Por ejemplo, Besar a todo el mundo antes de irse a su habitación y después todo el mundo tiene que ir a darle un beso cuando ya está en la cama; a otros les puede gustar colocar todas sus muñecas bajo la manta, junto a ellos.
Tanto los rituales como los detalles reconfortantes de seguridad, tales como mantas viejas o perros de trapo, de los que dependen algunos niños, les sirven para separarse de los seres queridos y pasar del estado de vigilia al de sueño.
Los padres no deben reírse de los hábitos del niño, pero por otra parte, tampoco deben consentir que se vuelvan demasiado pesados. Se ha de limitar el número de juguetes que el niño se lleva a la cama, por ejemplo, se puede llevar un libro y un juguete, que escoja. Algunos niños alargan esto demasiado, lo que comporta quince minutos adicionales para conseguir que, por fin, se vayan a la cama.
Hábitos nocturnos regulares
 Unos hábitos nocturnos regulares conseguirán que el niño sepa que el momento de acostarse se acerca y que ha llegado el momento de parar. Se puede seguir esta guía para establecer una rutina nocturna.
- Simplificar: Tomar en consideración el horario de la familia y las preferencias del niño. No comenzar con normas que después no se seguirán. La rutina de acostarse debe proporcionar una sensación de seguridad cálida, un final del día confortable... Leer un cuento o comer una galleta o después del bañarse ayudará a otros niños a entender que ha llegado el momento de acostarse. Utilizar señales que hagan patente la rutina.
- El niño debe saber cuándo empieza la rutina del momento de acostarse. Puede ser tan simple como decir «el momento de irse a la cama es el momento en que termina tal o cual programa de televisión.

- Mantener al niño calmado. Las peleas o los juegos muy activos inmediatamente antes de irse a la cama, no preparan al niño para dormir. Algunos profesionales no encuentra adecuado que la televisión este en la pieza de los niños. Media hora antes de acostarse, el niño debe encontrarse relajado para cuando llegue el momento. Más que una guerra de almohadas o un juego de pelota serán unas costumbres sosegadas que incluyan la higiene habitual, la lectura, la narración de cuentos o la música. Todo esto, que suaviza el momento de acostarse.

- Hacerlo especial. Lo ideal sería que el momento de acostarse fuera cálido y acogedor. Tanto para los padres como para el niño es un momento de calor y de seguridad. A muchos niños les encanta escuchar una y otra vez el mismo cuento antes de irse a la cama. A otros les complace escuchar cuentos inventados, mientras que a otros les divierten las canciones infantiles como costumbre en el momento de acostarse.
- Se ha de ser flexible, pero también se ha de saber cómo terminar las costumbres rituales. Si no se sabe cómo tomar la decisión final cuando ha llegado el momento de apagar la luz y de dormir, la rutina nocturna puede convertirse en algo cansado o interminable. Los padres no deben permitir evasivas por parte del niño, ni dejarse convencer de seguir leyendo «un cuento más». En vez de esto, se ha de anunciar de antemano las historias que se leerán aquella noche y aferrarse a lo que se ha dicho. Hay que decir al niño que «cuando el reloj marque las 9:30, ha llegado el momento. Luces apagadas o en 15 minutos, el reloj sonará, lo que significa apagar la luz». Quizás no es necesario dejar al niño en oscura, pero se puede ayudar con una luz tenue.
- Colocar junto al niño todo lo que se necesita para la noche: un vaso de agua, una cajita con una linterna, su juguete favorito y  la radio para escuchar antes de dormirse. También puede ser útil hacer su habitación más atractiva, no significa redecorarla sino cambiar algunos aspectos y que el niño sea participe de ellos.





sábado, 21 de abril de 2012

He decidido crear este blog, como una forma útil de enseñar, sugerir, aportar a padres, familias, profesionales que de alguna u otra forma están relacionados con el trabajo con niños y adolescentes.